La Provenza: nuestra ruta de tres días

Tengo que confesar que el principal motivo para llevar a cabo un road trip por Francia e Italia era el de visitar los famosos campos de lavanda de la Provenza (soy una fanática de las flores y soñaba con una sesión fotográfica entre abejas y aromas embriagadores). La lavanda no nos ha decepcionado, pero más allá de la flor se esconden destinos maravillosos, fotogénicos y poco masificados que merece la pena descubrir. Si estás decidido a visitar esta bella región de Francia, sigue leyendo porque quizá te pueda interesar la ruta que seguimos este verano.

La Provenza comprende infinidad de pueblos. Desde el río Ródano hasta Antibes, abarca varios departamentos franceses. La región administrativa se denomina “Provenza-Alpes-Costa Azul” y está situada en el sudeste del país.

Siendo tan extensa y con tan solo tres días disponibles admito que me costó bastante planificar la ruta. Con ayuda de alguna guía de viaje pude confeccionar un recorrido que se ajustaba perfectamente a nuestras exigencias.
Nos alojábamos en Vitrolles, un pequeño pueblo que sirvió de punto clave para evitar grandes distancias. En tres días ocho destinos :

Día 1

Aix en Provence

Paul Cézanne nació, creció y vivió casi toda su vida allí. Nuestra visita fue fugaz y me quedé con ganas de hacer la ruta del artista que está marcada con placas de bronce con una letra C (ya tengo un motivo para volver). Es quizá el destino más concurrido de todos los que visitamos, pero eso no le resta ni un ápice de encanto y elegancia. Si alguna vez visitas la ciudad, no dudes en perderte por sus calles empedradas y sus plazas llenas de flores y fuentes.

Día 2

Abadía de Sénanque

La abadía de Sénanque es uno de los puntos más fotografiados y por tanto uno de los lugares imprescindibles si viajas a esta zona de Francia. Fue nuestro primer contacto con la lavanda y eso hizo que me emocionara haciendo fotos a diestro y siniestro.
Se encuentra en el Parque Natural del Luberon, en la región de Vaucluse. Tiene casi ocho siglos de historia y es una abadía viva, ocupada y su interior se puede visitar todos los días entre las 14:30 y las 17h. El precio es de aproximadamente 7,5 euros para los adultos y la mitad para los niños.
Admirar el exterior es completamente gratuito y por supuesto el mejor momento para visitarla es en verano. Desde finales de junio a mediados de agosto los campos que la circundan se tiñen de lavanda convirtiéndola en una de las postales más bonitas de la Provenza.

Gordes

 Después de disfrutar de la paz de Sénanque seguimos nuestra ruta hacia Gordes, que se encuentra a tan solo 5 kilómetros de distancia de la abadía. Su situación sobre un acantilado, sus calles estrechas y las espectaculares vistas que se disfrutan desde el pueblo han hecho de Gordes la inspiración de muchos pintores y artistas. Además, su pequeño tamaño hace que se pueda visitar tranquilamente en una mañana. Nosotros estuvimos tan solo unas horas que fueron más que suficientes para disfrutar de su encanto medieval y sus miradores.

Rousillon

Continuamos hacia Rousillon, uno de los destinos preferidos en nuestro viaje. Dudaba si incluirlo en la lista, pero su cercanía a Gordes y las fotos de sus casas de colores fue lo que me animó, y resultó todo un acierto.
Está incluido entre los pueblos más bellos de Francia, pero además es el lugar del ocre por excelencia. Este color inunda sus calles, casas y acantilados. También destaca por su belleza la plaza central llena de flores y rodeada de restaurantes.

L’Isle sur la Sorgue

De vuelta a Vitrolles paramos en L’Isle sur la Sorgue, la llamada Venecia del Condado y el paraíso de las tiendas de antigüedades (en total, más de 300 anticuarios tienen negocio permanente allí). Un paseo a orillas del Sorgue hace que se nos abra el apetito y decidimos reponer fuerzas en uno de sus restaurantes con el sonido relajarte del río de fondo. Merece la pena perderse en sus callejuelas y admirar las bonitas ruedas de álabes del río que le dan un encanto único a la ciudad

Día 3

Lourmarin

Nuevo día, nueva ruta. Nuestro destino son los pueblos del Luberon. De camino, paisajes provenzales cubiertos de lavanda, girasoles, olivos… ¡un auténtico espectáculo para los sentidos!. Llegamos a Lourmarin y nos llama la atención la tranquilidad que se respira. El buen gusto y refinamiento francés están presentes en cada esquina, tienda o plaza. Así se nos pasa la mañana, paseando entre galerías de arte y el murmullo del agua de las fuentes. Sin duda uno de los pueblos que no pueden faltar en una ruta por la Provenza.

Bonnieux

Salimos de esta bella localidad y ponemos rumbo a Bonnieux, un pueblecito colgado de la ladera del valle. Esta zona fue protagonista de una película de Ridley Scott, Un buen año (a Good Year), interpretada por Russell Crowe, y basada en la novela de Peter Mayle, Un año en la Provenza, que narra la historia de un reconocido bróker londinense que hereda de su tío un chateau y un viñedo. En un principio lo acepta de mala gana pero en muy poco tiempo se rinde a los encantos de esta región hasta el punto de renunciar a su vida anterior.

Al llegar allí nos sorprende la magnífica panorámica del valle, y decidimos que es un buen lugar para tomar un refrigerio. Después de disfrutar de la rica gastronomía provenzal subimos los 86 escalones que llevan a su iglesia,  Église Haute,  desde donde las vistas son aún más espectaculares.  Como siempre la visita no es completa si no nos perdemos por las calles del centro histórico. Al estar casi desérticas disfrutamos del paseo entre flores y anticuarios. Ha sido una mañana bien aprovechada.

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Valensole

Volvemos a Vitrolles para descansar y partimos hacia Valensole, a la soñada lavanda. Tras una hora de trayecto empiezan a vislumbrarse pequeños campos y comienzo a ponerme nerviosa. No paramos porque mi instinto me dice que lo bueno está por llegar. Y ahí están, tras una curva, imponentes, majestuosos y llenos de gente emocionada como yo por el espectáculo sensorial. Entonces pienso: “es justo como me imaginaba”. Después de eso solo recuerdo fotos y más fotos. No importan las abejas ni la gente que pueda haber… Toda la tarde da para muchas instantáneas y también para captar la lavanda en cuatro tonos diferentes según la luz. Nos vamos de allí felices por la experiencia y con más de 300 capturas en nuestro haber. Da igual todo lo que venga detrás, ha merecido la pena el viaje.

 

 Cuando hay que elegir lugares que visitar y no se dispone de mucho tiempo siempre hay que sacrificar unos destinos por otros. Nos dejamos lugares que seguro merece la pena descubrir, pero eso nos lleva a querer volver y repetir la experiencia, ¿no creéis? Os animo a visitar esta bella región de Francia, seguro que volvéis encantados como yo. ¡Feliz día!

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